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Periodista graduado en la Universidad Central de Venezuela (UCV). Experto en Comunicaciones Corporativas y Responsabilidad Social. He desarrollado mi labor en medios impresos, digitales y audiovisuales en Venezuela, Colombia, el Perú, Estados Unidos, España e Israel. Con una extensa red de contactos a nivel oficial y privado, lo que me permite establecer vínculos y relaciones con diversos sectores que hacen vida en el país y el exterior. Dime que quieres y te lo escribo. Papá al 200%

lunes, 28 de septiembre de 2026

El Plato de Lentejas: una lectura gerencial del dilema de la transición venezolana

 





Luis Manuel De Llano*

 

Un texto bíblico nos sirve de referencia para tratar de entender la situación política por la que atraviesa Venezuela. Se trata de la narración del Plato de Lentejas (Génesis 25:29-34). Los mellizos Esaú y Jacob, hijos de Isaac, eran muy diferentes, Esaú, el primogénito, era impulsivo y enfocado en el presente.

Por su parte, Jacob era tranquilo y pensaba siempre en el mañana. Un día, Esaú regresó del campo, agotado y casi muriendo de hambre. Al ver a Jacob cocinando, le rogó: "¡Dame de comer de ese guiso ahora mismo! ¡Estoy a punto de morir!". Jacob, astuto, le ofreció cambiarlo por su derecho de primogenitura, que representaba una doble porción de la herencia de su padre y el liderazgo familiar.

Esaú, quien, solo pensando en su estómago vacío, respondió "¿Para qué me sirve la primogenitura si me muero de hambre? Te la cedo y tu dame el guiso." ¿Que hubiera preferido usted: las lentejas o la primogenitura?

Asuntos Públicos y Asuntos Legales

En la oposición venezolana actualmente parece haber dos tipos de personas, que como los hermanos tiene puntos de vista diferentes. Un primer grupo está hambriento de legitimidad inmediata y proponen que se realicen elecciones libres ya mismo, sin ninguna limitación de los candidatos que deseen postularse.

El segundo grupo cree que lo prioritario en estos momentos es más bien la sostenibilidad política y que las elecciones se realicen una vez que estén garantizadas las condiciones mínimas. No trata de una diferencia de propósitos, sino del orden en que alcanzar objetivos comunes.

La lectura gerencial de esta situación es relevante principalmente porque hoy prevalece la perspectiva de la administración de Donald Trump, un hombre de negocios, cuyas decisiones se alinean con la lógica de los negocios, donde el pragmatismo marca el rumbo por encima de las formalidades legales.

Pienso que, en parte, se trata de la misma diferencia que comúnmente se da en las organizaciones entre el punto de vista de los Asuntos Legales basados en derechos de las partes y los Asuntos Públicos, más bien fundamentados en los intereses de cada una de esas partes.

Los Asuntos Legales están fundamentados en la ley, lo que dicta el derecho (en inglés law inforcement), mientras que los Asuntos Públicos responden a una negociación para llegar a un trato, lo que conviene a las partes (deal-making).

 

Ambos puntos de vista, que en el dilema venezolano actual representan la legalidad y la sostenibilidad, son válidos e importantes porque, en la práctica, el valor de una democracia no se basa solo en lo que deba hacerse hoy, sino también en lo que se podrá seguir haciendo en el futuro. Pareciera que la administración Trump busca resolver el conflicto con el método de la eficiencia corporativa como un asunto público, y no legal.     

En la lógica de los negocios, cuando una empresa entra en una crisis operativa profunda, se puede imponer una junta interventora. En el caso venezolano, la administración Trump actúa como esa junta externa y la imposición o exención de sanciones dejan de ser meras herramientas legales punitivas para convertirse en mecanismos de presión para forzar una reestructuración organizacional.

El dilema gerencial está en que si la junta interventora presiona demasiado rápido por un cambio o ratificación de la gerencia (elecciones), sin que los mandos operativos estén alineados, el resultado podría ser el quiebre del proyecto de transición.

La sostenibilidad, por tanto, requeriría que la actuación de la junta interventora se adecúe a las capacidades reales de ejecución del equipo operativo, evitando que la exigencia de resultados inmediatos canibalice la estructura necesaria para el éxito a mediano plazo. En este sentido, la situación también podría interpretarse como la tensión entre la justicia y la paz.

Siguiendo la lógica gerencial, el valor de una empresa se calcula como la multiplicación de su rentabilidad (capacidad de ganancia) por un múltiplo de años (potencialidad de permanencia). Una empresa con alta rentabilidad, pero baja sostenibilidad (por ejemplo, un producto de moda con una marca débil), puede venderse por 4 o 6 veces su ganancia. Es un buen negocio, pero frágil.

Mientras que una empresa con rentabilidad y alta sostenibilidad, (un producto establecido con una buena marca), puede venderse por 10 o 20 veces su ganancia. El dinero de hoy viene de la rentabilidad y la riqueza del mañana de la sostenibilidad.

Explicar el valor democrático a través de un múltiplo de años de legalidad es la forma en que pensaría un gerente, pero posiblemente no un abogado. De allí el dilema. Un gerente diría que la satisfacción de un derecho sin viabilidad resulta en un negocio frágil.

Bajo la lógica de la junta interventora, posiblemente lo que se está tratando de hacer es justamente desarrollar el potencial del país, enfocándose no solamente en lo que se es capaz de hacer hoy, sino también en lo que se podría hacer mañana. Pareciera que se trata de un enfoque puro pragmático que prioriza la sostenibilidad frente a la legitimidad, prefiriendo la primogenitura sobre el plato de lentejas.  

Hambre vs astucia

En la estructura clásica de la pirámide de decisiones en una empresa, el hambre de Esaú representaría el nivel táctico (la rentabilidad en el corto plazo), mientras que la astucia de Jacob haría referencia al nivel estratégico (la sostenibilidad a mediano plazo).

 

Pero antes de Esaú y Jacob, estuvo su padre Isaac, cuya vida se centró en nivel operativo (los resultados del día a día). Issac se dedicó a sembrar y cosechar, a asegurar la gestión los recursos del territorio y el suministro de agua y comida. En la empresa, la administración diaria (nivel operativo) es el que sustenta tanto la rentabilidad (nivel táctico) como la sostenibilidad (nivel estratégico).

Sin lo que Isaac hizo, Esaú y Jacob simplemente, no hubieran existido. Por su parte, Abraham, el patriarca y padre de Isaac es el fundamento que representa las políticas que rigen el comportamiento (nivel normativo o de gobernanza). Sin la visión de Abraham, no hubiera habido promesa, y por lo tanto, tampoco tierra que trabajar.   

La Biblia y la realidad venezolana

En la realidad venezolana, la gestión de Delcy Rodríguez encaja en el nivel operativo. Su labor se centra en la gerencia de la contingencia. Por una parte, prioriza la resiliencia inmediata sobre el dogma ideológico para mantener el sistema funcionando y por otra parte adapta su mensaje hacia propios y extraños para controlar daños.

Bajo la óptica de la administración de Trump (Abraham), la labor operativa inmediata de Delcy Rodríguez (Isaac) proporcionaría una plataforma real sobre la cual lograr inversiones extranjeras en las áreas en que el Estado ya no puede operar por sí solo (petróleo, minería, servicios, etc.), y a mediano plazo se convocarían unas elecciones libres según han expresado varios voceros de esa administración.      

El plazo no es una medida de tiempo rígida (como un número fijo de meses), sino una medida de capacidad de reacción. Depende enteramente del contexto: no es lo mismo el largo plazo para un vendedor de comida rápida que para una empresa de energía nuclear.

Sin embargo, tomando los parámetros típicos de la planificación financiera, podríamos decir que el inmediato plazo es hoy mismo, el corto plazo es 1 año, el mediano plazo 3 años más y el largo plazo 5 años.

La junta interventora habría establecido que en lo inmediato lo importante es la operatividad, la ejecución, que la administración no se detenga. En el corto plazo (1 año) se buscaría la rentabilidad de las inversiones extranjeras, la optimización, no solo se trataría de hacer las cosas, sino de hacerlas de forma que generen un excedente económico.

Sólo en el mediano plazo (3 años) de la sostenibilidad, el objetivo sería la legitimidad electoral. Y en el largo plazo (5 años) objetivo sería la consolidación de un nuevo sistema de gobierno con valores democráticos que perduren más allá de los líderes actuales.  

Según esta lectura gerencial, la junta estaría tratando de evitar el error de menospreciar alguno de los niveles de decisión gerencial, porque se podría crear una desconexión insalvable entre lo ideal del mañana y la realidad del hoy, una "esquizofrenia organizacional".

 

 

Un ejemplo típico de este "salto al vacío" ocurre cuando una organización decide realizar una transformación digital basándose únicamente en una visión (nivel estratégico), sin hacer los cambios requeridos en los procesos administrativos (nivel táctico) y educar al personal (nivel operativo).

El resultado podría ser la resistencia al cambio y el posible boicot de los trabajadores, que verían la nueva estrategia como un enemigo que eliminaría su trabajo con herramientas útiles computacionales. La cultura organizacional se fracturaría y la organización se devoraría a sí misma.

Esquizofrenia organizacional

En la política venezolana, la cultura organizacional está determinada por años de gobierno socialista. Quienes operan el sistema lógicamente han desarrollado una resistencia al cambio, a la transición, porque temen que una nueva estrategia signifique su despido inmediato o, peor aún, su procesamiento legal.

Esta es la raíz de la esquizofrenia organizacional: proponer un modelo externo liberal en una organización cuya cultura interna se basa en la autocracia. La administración Trump parece pensar que la transición no se basa únicamente el cumplimiento de la Constitución y las leyes, sino que es un proceso de gestión de cambio humano.

Si los operadores del nivel operativo perciben que la nueva estratégica no ofrece una opción de su permanencia, boicotearán cualquier intento de reforma. El éxito de la gerencia en este escenario depende de la capacidad de los líderes para reducir la incertidumbre, transformando el miedo al cambio en una aceptación pragmática de nuevos procesos que, aunque distintos, aseguren la permanencia del sistema.

Esta “esquizofrenia organizacional” no es un riesgo teórico, sino que la historia la confirma. Por ejemplo, la transición española, que fue citada como modelo de éxito pragmático por el mismo Marco Rubio, estuvo a punto de naufragar precisamente por el divorcio entre su estrategia democratizadora y una operatividad institucional atada al pasado.

Mientras el nivel normativo/estratégico diseñaba el futuro, el nivel táctico/operativo enfrentaba el asedio sangriento de ETA y el GRAPO, junto a un estamento militar que terminó manifestando su resistencia en el golpe de Tejero (23-F).

Fue el momento en que la cultura de la organización intentó devorar a su propia estrategia. Rubio parece pensar que el aprendizaje para Venezuela es que, si la arquitectura de la transición no logra alinear los niveles operativos/tácticos con los estratégicos/normativos, la situación política no solo podría volverse frágil, sino que también podría canibalizarse a sí misma.

En finanzas, el costo de oportunidad es la rentabilidad que se deja de percibir por elegir una opción sobre otra. Venezuela enfrenta hoy el costo de oportunidad más alto de su historia moderna.

 

La administración Trump puede estar pensando que si prioriza el plato de lentejas para obtener legitimidad en el corto plazo, podría estar sacrificando la doble herencia de la primogenitura de décadas de crecimiento institucional.

Un gerente de un fondo de inversión diría que Venezuela es un activo de gran valor con un descuento masivo por riesgo país, el valor está indiscutiblemente allí, pero la incapacidad de alinear los niveles de decisión podría impedir que ese valor se realice.

La transición, por tanto, se estaría leyendo como un plan de rescate financiero donde el principal activo a recuperar es la confianza. Pero, lamentablemente la confianza no se decreta, sino que se construye mediante la consistencia entre lo que se plantea hacer estratégicamente y lo que realmente se ejecuta operativamente.

Si el país continúa divergiendo entre la urgencia del hambre táctica y la ambición de la sostenibilidad sin un piso operativo sólido, el múltiplo de años de nuestra democracia seguiría siendo bajo, condenándonos a ser una nación de ganancias de ocasión en lugar de una potencia de riqueza sostenible.

El reto es construir un sistema gerencial que permita que la satisfacción del hambre de legitimidad no sacrifique la primogenitura de institucionalidad. Al parecer, hay quienes piensan que el orden de los factores si afecta el producto, por lo menos en el caso de la transición venezolana.

*Economista (UCAB), MBA (CGU) con más de 40 años de experiencia en la gerencia de asuntos públicos de empresas venezolanas de categoría mundial. Profesor de Gerencia de Asuntos Públicos (UCAB).

El Plato de Lentejas: una lectura gerencial del dilema de la transición venezolana

  Luis Manuel De Llano*   Un texto bíblico nos sirve de referencia para tratar de entender la situación política por la que atraviesa ...