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Guatire, Miranda, Venezuela
Periodista graduado en la Universidad Central de Venezuela (UCV). Experto en Comunicaciones Corporativas y Responsabilidad Social. He desarrollado mi labor en medios impresos, digitales y audiovisuales en Venezuela, Colombia, el Perú, Estados Unidos, España e Israel. Con una extensa red de contactos a nivel oficial y privado, lo que me permite establecer vínculos y relaciones con diversos sectores que hacen vida en el país y el exterior. Dime que quieres y te lo escribo. Papá al 200%
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miércoles, 6 de marzo de 2024

La violencia en Haití: una pesadilla viviente




👉Cecilia Beatriz Pachano Huerta/Cambio 16.-


Haití es uno de los capítulos más tristes de América. Ha vivido atrapada en una espiral de violencia e inestabilidad política que la ha condenado a la miseria. Ahora la anarquía se impone a todo lo largo y ancho del territorio. 

El reciente asalto a las dos prisiones más importantes y grandes del país por las bandas y la amenaza de hacer lo mismo con el aeropuerto, solo muestran una nueva arista de la violencia en Haití. Una pesadilla que vive y que cada día se agrava.

En 1804, luego de que los esclavos protagonizaron una prolongada revolución contra los colonizadores franceses, Haití se alzó como el primer país de América Latina en conquistar su independencia. 

A pesar de este hito histórico que los enaltece, no ha podido establecer firmemente un Estado estable. Manos aún desarrollar cabalmente su economía.

Hoy Haití presenta uno de los PIB per cápita más bajos a nivel global, con apenas 730 dólares. Su índice de desarrollo humano (0,503) es el peor de la región, lo que lo ubica en el puesto 169 sobre 189 países a nivel global. A lo que se suma su índice de pobreza que azota al 60% de la población.

El siglo pasado estuvo marcado por la siniestra dictadura de los Duvalier, quienes durante casi 30 años gobernaron con puño de hierro valiéndose de las Fuerzas Armadas y de temibles grupos de esbirros y paramilitares como los Tonton Macoute

Hasta 1986 cuando un levantamiento popular en contra de Jean-Claude Duvalier (que había heredado el poder en 1971) forzó su exilio. Iniciando otro inestable ciclo democrático del presente.

Estado de emergencia

Haití está sumido en una profunda crisis institucional. El asesinato del presidente Moïse en 2021. La posterior salida de cargos electos han perpetuado el vacío de poder que aprovechan las peligrosas bandas armadas para expandir su poder e influencia. 

Tanto que saltaron las dos mayores prisiones del país y liberaron más de 3.800 reos. También intentaron tomar el principal aeropuerto de Puerto Príncipe, el Toussaint Louverture.

El gobierno decretó el estado de emergencia y toque de queda nocturno durante 72 horas. Pero, con los grupos criminales controlando el 80% de Puerto Príncipe y primer ministro, Ariel Henry fuera del país, la capacidad de reacción del Estado es muy limitada.

Figuras como el expolicía Jimmy Chérizier, líder de una federación de bandas, han asumido los ataques recientes y declarado que el objetivo es obstaculizar el retorno del primer ministro Henryy y derrocarlo. 

La violencia del fin de semana dejó 9 muertos, incluidos 4 agentes. Forzó el desplazamiento de unas 15.000 personas a campamentos improvisados. La situación humanitaria es cada vez más grave, mientras que el apoyo internacional, que lidera Estados Unidos, se limita a la asistencia financiera.

Endeble historial democrático

Tras la dictadura de los Duvalier, el ejército gobernó Haití hasta las elecciones de 1991 que llevaron al poder a Jean-Bertrand Aristide, primer presidente democrático. 

Si bien buscó reformar las fuerzas de seguridad, solo duró 7 meses antes de ser derrocado. Gracias a presión internacional, Aristide regresó en 1994. Al año siguiente se disolvió el ejército y creó la Policía Nacional. Aunque muchos militares se reciclaron como policías.

En 1996 completó su mandato y entregó el poder pacíficamente. Sin embargo, su retorno en 2001 estuvo plagado de denuncias de fraude. En 2004 fue derrocado nuevamente por paramilitares, exiliándose en Sudáfrica. La ONU asumió el control por 2 años hasta las elecciones de 2006 que llevaron a Preval al poder.

Pero en 2010 un devastador terremoto destruyó parte de Haití, dejando 300.000 muertos. Desde entonces el país ha dependido de la ayuda humanitaria internacional y misiones de paz para mantener cierto orden. 

Los presidentes que le siguieron Michel Martelly y Jovenel Moïse tampoco lograron consolidar la democracia, ni resolver la grave crisis social y económica.

Magnicidio de Moïse, nuevo quiebre

Jovenel Moïse alcanzó la presidencia de Haití en medio de la polémica. En las elecciones de 2015 triunfó con apenas el 32% de los votos, siendo impugnado por irregularidades. 

Obligado a nuevos comicios en 2016, amplió su ventaja, pero la participación fue ínfima, socavando su legitimidad desde el inicio.

Poco pudo gobernar antes de verse envuelto en el escándalo del desvío de millones de dólares de los fondos Petrocaribe a empresas suyas. Lo que desató masivas protestas populares. 

Al malestar social se sumó la revuelta policial en reclamo de mejores salarios, que desembocó en un caos institucional.

Aprovechando la pandemia, Moïse extendió su mandato de facto por decreto al suspender las elecciones legislativas. Sumado a interpretaciones constitucionales que cuestionaban su continuidad en el poder desde 2021, profundizaron la conflictividad política. 

Paralelamente la violencia de las bandas criminales se agravó en las calles de Puerto Príncipe.

Fue en ese delicado contexto que Moïse nombró a su séptimo primer ministro, Ariel Henry, apenas 4 años horas antes de su magnicidio 7 de julio de 2021. 

Las elecciones presidenciales y legislativas que habían sido convocadas para el 26 de septiembre de ese año, quedaron en el limbo. Dejando al país sumido en el vacío de poder, la incertidumbre electoral y la inestabilidad endémica.

Pesimismo

La actual crisis en Haití tiene su origen directamente al asesinato del presidente, Jovenel Moïse en 2021. Pero sus raíces son más profundas, se remontan a las secuelas del terremoto de 2010, los 29 años de dictadura Duvalier, y al impacto de las «reparaciones» pagadas a Francia tras su independencia en 1804.

La situación es de máxima gravedad. Según la ONU con casi 4.000 muertes violentas en 2023 y 200.000 desplazados. Más de la mitad de los haitianos no tienen para comer y los servicios básicos son inestables. 

El reciente ataque a las prisiones y acciones contra las instalaciones de las instituciones (comisarías policiales y hasta el Banco Central) han empeorado el pesimismo. Las bandas controlan el 80% de Puerto Príncipe con miles de miembros.

El anuncio de la ONU de su apoyo a una fuerza internacional liderada por Kenia generó cierto optimismo. No es una misión oficial de mantenimiento de la paz de la ONU. 

En gran medida debido a los negativos resultados de su anterior operación. Ensombrecida por graves acusaciones de conducta sexual inapropiada. Además, las aguas residuales de un campamento de la ONU provocaron un brote de cólera, que resultó en la muerte de cerca de 10.000 personas.

El objetivo de la nueva misión sería estabilizar la situación y proteger infraestructuras. Enfrentarse a las bandas en la ciudad será complejo. Pero, la fuerza aún no se ha desplegado pese a contar con luz verde desde octubre. 

Kenia prometió 1.000 efectivos, pero surgieron obstáculos legales. Benín ofreció 2.000 más, aunque falta su preparación. Se había anunciado una fuerza de 5.000 hombres.

Controlado por las bandas

Las bandas criminales, que han llenado el vacío institucional de Haití, controlan la periferia de la capital, Puerto Príncipe, y el Departamento de Artibonite, una región agrícola vital conocida como “la canasta de pan” de Haití. 

En su mayoría con armas automáticas contrabandeadas desde Estados Unidos. A menudo están mejor equipadas que la policía local.

Los expertos señalan a figuras políticas corruptas, tanto en el poder como en la oposición, son los patrocinadores de los grupos armados que aterrorizan al país. Son quienes les proporcionan armas, financiamiento y protección política. 

A cambio, las pandillas hacen el trabajo sucio. Generan miedo, apoyo o inestabilidad según sea necesario.

La violencia ha alcanzado niveles alarmantes. Según la ONU desplazando internamente a casi 314.000 personas. 

Unos 4,7 millones de haitianos, sufre de hambre aguda. En la capital, unas 20.000 personas viven en condiciones de hambruna, y el cólera está resurgiendo.

Las bandas lideradas por figuras como Jimmy Cherizier y Guy Philippe, ambos exagentes de policía, están desafiando al poder establecido. Son los principales convocantes de las protestas en todo el país. 

La situación se agravó en los días previos al 7 de febrero. Una fecha simbólica que marca el fin de la dictadura de François Duvalier y su hijo Jean-Claude, y la toma de posesión tradicional de los presidentes haitianos.

Guy Philippe de vuelta

Las bandas, superan en número y armamento a la policía nacional de Haití, que cuenta con unos 9.000 agentes para garantizar la seguridad de más de 11 millones de personas. Cuando las estimaciones de la ONU sugieren que se necesitan unos 26.000 efectivos. Sólo el año pasado, unos 1.600 agentes dejaron su puesto.

Con el regreso de Guy Philippe aumentó la tensión. Un exjefe de policía que jugó un papel crucial en el derrocamiento del expresidente Bertrand Aristide hace 20 años. 

A través de mensajes de vídeo en las redes sociales Philippe ha estado llamando a una “rebelión” contra el primer ministro Henry. El expolicía fue repatriado a Haití desde Estados Unidos después de cumplir una condena de prisión por aceptar sobornos para proteger cargamentos de narcóticos.

Las ya poderosas bandas de Haití ampliaron su influencia en la capital, y coaliciones rivales, el G9, dirigido por el ex policía de élite Jimmy “Barbecue” Chérizier, y el Gpèp, que carece de un líder claro, luchan por el control de la ciudad. Aunque en los últimos días se habla de nuevas alianzas para desafiar al poder establecido.

Guerra personal

Jimmy “Barbecue” Cherizier, un exoficial de policía convertido en líder criminal es una figura central en la reciente escalada de violencia en Puerto Príncipe. Cabeza de la poderosa pandilla G-9 y Familia. Desde la muerte del presidente Moïse, ha asumido un papel más prominente.

Según informes locales e internacionales, Cherizier obtuvo el poder de la pandilla Delmas 6 gracias a favores de la policía y el gobierno de Moïse. 

Según InSight Crime, antes del asesinato de Moïse, el 50% de la financiación de la G-9 provenía del gobierno. Un 30% procedente de secuestros y el 20% restante de extorsiones.

Después del magnicidio, la financiación gubernamental cayó un 30%. Lo que supuestamente motivó a Cherizier a intensificar su lucha contra las personas que habían heredado el control político del país. 

Pidió al gobierno de Henry una amnistía y la liberación de todos los miembros de su grupo en el pasado.  Ante la negativa del gobierno, promueve una “revolución” contra la élite política “corrupta” del país. 

Está decidido a luchar hasta que el primer ministro abandone el poder. Utiliza estrategias en redes sociales para comunicar sus objetivos y atraer más seguidores a sus filas. Cherizier incluso ha utilizado su cuenta de YouTube para pedir el arresto del actual primer ministro de Haití.

«Barbecue» El cruel

Cherizier, nacido en la capital haitiana hace unos 47 años, ha logrado evadir tanto las sanciones impuestas por Estados Unidos como el control de las autoridades de su país Su apodo, “Barbecue”, tiene dos posibles orígenes. 

Según él, proviene de su madre, que vendía pollo en las calles. Sin embargo, algunos testigos de la violencia en Haití sugieren que se debe a su costumbre de quemar las casas y los cadáveres de sus víctimas

Su carrera criminal comenzó cuando era policía y estuvo involucrado en la muerte de nueve civiles. En una operación oficial contra las mafias en Grand Ravine, un barrio de Puerto Príncipe, en noviembre de 2017. 

La ONU y Estados Unidos lo señalan como uno de los funcionarios implicados en la matanza de La Saline, un barrio de Puerto Príncipe, en la que murieron 71 personas. Fue un ataque coordinado de la policía y grupos criminales contra la población local.

Presiones sobre Henry

Haití lleva siete años sin elecciones, tres años han transcurrido desde el asesinato del presidente Jovenel Moïse, y hace más de un año que los últimos funcionarios electos dejaron sus cargos. Pese a lo cual la restauración de la democracia en Puerto Príncipe parece ser una meta distante.

Desde la muerte del presidente Moïse en 2016, no se han celebrado elecciones. Ariel Henry, el primer ministro de Haití, tomó las riendas como presidente interino después del magnicidio. 

Sin embargo, su legitimidad es ampliamente cuestionada y ha incumplido su promesa de llevar a cabo elecciones en varias ocasiones. Debía dimitir el 7 de febrero según un acuerdo post-Moïse, pero no lo hizo.

Fue el anuncio del primer ministro de Bahamas, Phillip Davis, de que el primer ministro haitiano, Henry, se comprometió a celebrar elecciones antes del 31 de agosto de 2025, lo que enfureció a los líderes de las bandas criminales quienes exigen su renuncia. 

Ante las peticiones de dimisión Henry se encoge de hombros. Tampoco respondió cuando le preguntaron si consideraba seguro volver a casa.

Secuestrados por las bandas

A pesar de la presión, Henry se niega a dimitir. Por los momentos cuenta con el respaldo de la comunidad internacional. Argumenta que la creciente violencia de las pandillas impide la celebración de elecciones libres y justas. 

Haití no tiene ningún funcionario gubernamental electo desde que terminó el mandato de los últimos senadores en enero de 2023. La oposición política tiene pocas esperanzas en la promesa de Henry de celebrar elecciones en agosto de 2025. Según ellos, “Muchos ya no creen en su palabra”.

Las bandas han perturbado servicios básicos, obstaculizado la asistencia humanitaria y prolongado la miseria. Haití, sin duda, es la nación más castigada del continente. 

Como señaló Stéphane Dujarric, portavoz de la ONU, el reciente recrudecimiento de la violencia subraya la necesidad de que los países miembros trabajen con rapidez para apoyar y desplegar la fuerza multinacional de seguridad.

«Llevamos meses hablando de cómo la población civil de Haití y de Puerto Príncipe está básicamente atrapada por la violencia de las bandas»

Stéphane Dujarric

La misión de la ONU en Haití aún necesita meses para estar totalmente operativa. Siempre y cuando se consigan los fondos y el compromiso de fuerzas necesarias. De lo contrario, la ventana de oportunidad para el éxito se cerrará pronto.  

Mientras tanto, la población civil permanece atrapada en medio del fuego cruzado. Rehén del eterno círculo de violencia que tanto necesita romperse.

jueves, 29 de febrero de 2024

La falta de políticas justas es lo que nos deja sin empleos, no la Inteligencia Artificial




👉Cecilia Pachano H./Cambio 16

La inteligencia artificial puede impulsar el crecimiento económico y mejorar la productividad. Siempre y cuando se implemente correctamente y se acompaña de políticas justas y equitativas. La nueva tecnología genera preocupación ante su potencial impacto en el desempleo. Expertos advierten que la próxima generación de inteligencia artificial sustituirá a trabajadores en diversos sectores. Sin políticas públicas que aborden este problema avizoran un caos por los trabajadores que quedarán sin empleo.

Un estudio de la Universidad de Oxford indicó que la inteligencia artificial podría reemplazar entre el 50% y el 80% de la población mundial en sus puestos de trabajo. Los sectores más vulnerables a la automatización incluyen trabajos rutinarios y repetitivos, como fabricación, transporte y servicios de contacto directo con el cliente. Aunque se espera que la IA también genere nuevas oportunidades en campos como la ingeniería de software y la ciencia de datos.

No es nuevo

Es probable que en un cercano futuro nos encontremos trabajando en profesiones que aún no se han concebido. Mientras que otros roles tradicionales, como los administrativos, los cajeros de supermercado, los conductores, los camareros, los guardias de seguridad y los operadores de telemarketing de primer nivel, pueden desaparecer o reducirse significativamente.

La aparición de robots, la automatización y la Inteligencia Artificial ya comenzaron a remodelar el panorama laboral en ciertos sectores, como la automoción y la industria. Tendencia que se intensificará en los años venideros. El miedo a la pérdida de empleos debido a la irrupción de una nueva tecnología no es un fenómeno reciente. A principios del siglo XIX, un movimiento conocido como ludismo, liderado por artesanos ingleses, se levantó contra los nuevos inventos como la hiladora industrial, que la industrialización estaba introduciendo. Lo que amenazaba con dejarles sin trabajo. A pesar de sus esfuerzos por destruir máquinas e incendiar fábricas, no pudieron detener el avance inexorable de la industrialización.

“La automatización reemplaza a los humanos. Por supuesto, no es nada nuevo. Lo que es nuevo es que ahora, a diferencia de la mayoría de los periodos anteriores, los hombres desplazados no tienen a dónde ir”. James Boggs escribi esa frase en 1963 en “The American Revolution: Páginas del cuaderno de un trabajador negro”, cuando las computadoras comenzaban a hacer su aparición en las empresas. En nuestros días recuperan su vigencia ante la irrupción de la Inteligencia Artificial. Históricamente, los temores sobre la tecnología han resultado en gran medida infundados porque los beneficios han superado los perjuicios. Nuestro desafío es maximizar esos beneficios y minimizar los daños. El como hacerlo se divide en dos propuestas: reeducar y reciclar a los trabajadores desplazados o establecer un ingreso básico universal.

La experiencia más reciente

Jason Ludwig, de la Universidad de Cornell, en su tesis doctoral “Automatizando la Negritud: Raza, Computación y Política en los Estados Unidos de la Posguerra”, exploró cómo diversos actores, incluyendo funcionarios gubernamentales, expertos en informática y activistas, intentaron promover la igualdad racial a través de la informática en los Estados Unidos. Según Ludwig, Boggs argumentaba que no sólo los trabajadores poco cualificados estaban en riesgo debido a la automatización, también los trabajadores de oficina. Cuyos puestos podrían ser ocupados por “máquinas IBM y ordenadores”.

En un contexto de creciente precariedad, los planes gubernamentales para educar y reciclar a los trabajadores se volvían obsoletos casi tan pronto como se formulaban. “Tan rápido como se les forma para una fase técnica superior de la producción, se produce una nueva revolución técnica”. Boggs sostenía que a medida que la automatización aumentaba el número de desempleados, comenzaban a constituir una “fuerza revolucionaria o ejército de marginados y rechazados totalmente ajenos a la sociedad”.

Para Boggs el dilema de estos “marginados” reflejaba el dilema de la sociedad estadounidense en general. La automatización “excluye a cada vez más personas de desempeñar cualquier papel productivo en la sociedad” y no había medios claros para apoyar a los individuos que quedaban obsoletos. Advertencias sobre el desempleo tecnológico que se repiten hoy en día. Pero a una escala mucho mayor.

Visión miope

En julio de 2023, el McKinsey Global Institute publicó un informe sobre la IA generativa y el futuro del trabajo en Estados Unidos. Advierte sobre los crecientes desafíos para algunos de los trabajadores más marginados de la economía. El futuro del trabajo predice una disminución de la demanda servicio al cliente, servicios de alimentación y trabajo de producción. Áreas en las que los estadounidenses de raza negra están muy concentrados.

Predicciones que amplían las preocupaciones que han surgido entre los analistas económicos de que los “robots robaempleos” puedan crear más dificultades para los ya vulnerables trabajadores de minorías raciales. El consenso emergente entre los consultores de gestión, los líderes de Silicon Valley y los responsables políticos es que para hacer frente a estos retos simplemente es necesario formar a más trabajadores negros en programación y otras habilidades valoradas en la industria de la tecnología. Parece tan evidente que casi no llama la atención.

Según Jason Ludwing refleja una ideología particularmente estadounidense comprometida con la visión de que el progreso tecnológico es inevitable. Y que los trabajadores deben mejorar o ser barridos por su inexorable marcha. Sin embargo, el enfoque individualizador del desplazamiento tecnológico oculta la miopía que ha caracterizado la política tecnológica estadounidense durante décadas. Especialmente cuando se cruza con cuestiones de justicia económica y racial.

Paternalismo de los años sesenta

Durante los años sesenta, el impacto de la tecnología y la automatización en el empleo se convirtió en un tema central en la política de Estados Unidos, impulsado por figuras como John F. Kennedy. Para abordar el desafío del desempleo tecnológico, se implementó la Ley de Desarrollo y Formación de Mano de Obra. Atendió a casi dos millones de estadounidenses, enfocándose en los más empobrecidos y las minorías raciales.

Estos esfuerzos coincidieron con el movimiento por los derechos civiles. Muchos afroamericanos carecían de las cualificaciones necesarias para los trabajos emergentes. Enfrentaban barreras adicionales debido a la falta de oportunidades educativas, la pobreza y la discriminación racial. Las revueltas de 1964 en Harlem, Rochester y Filadelfia llevaron a una reevaluación de cómo estos programas de mano de obra estaban beneficiando a los afroamericanos.

John Diebold, una voz principal del optimismo tecnológico, proclamó en 1952 que la automatización llevaría a una mejora de la mano de obra, con un enfoque en funciones más especializadas. Sin embargo, cuando se aplicó a los proyectos de mano de obra afroamericana, este “perfeccionamiento” adoptó la forma de un ascenso racial paternalista. Enfatizando la autosuficiencia y la pureza moral como claves del progreso racial en una sociedad automatizada.

Papeles de segunda clase

Durante los años 60, los programas de formación en tecnología, como el Proyecto PREPARE, se alejaron de la esperanza original de promover la igualdad racial a través de la automatización. En su lugar, establecieron una jerarquía racializada del trabajo tecnológico. Los programas, financiados por la Ley de Desarrollo y Formación de Mano de Obra, se centraron en formar a trabajadores negros en programación informática y procesamiento de datos.

El Proyecto PREPARE, una iniciativa del Instituto de Tecnología Informática, proporcionó formación en informática a desempleados y subempleados en la región metropolitana de Washington DC. Entre 1964 y 1967, graduó a unos 100 estudiantes, el 65% de los cuales eran negros. A pesar de que la finalización del programa proporcionó a muchos graduados nuevas oportunidades para entrar en el creciente mercado laboral de la informática, su papel a menudo se consideraba subordinado.

El Secretario del Departamento de Trabajo, Willard Wirtz, argumentó que los graduados del Proyecto PREPARE y otras iniciativas similares, carecían de títulos y de una formación más formal en procesamiento de datos. Por lo que podían asumir el papel de “subprofesionales cualificados”. Quienes podían aliviar a los ingenieros y especialistas informáticos altamente formados de tareas rutinarias.

Ludwing sostiene que aunque la formación pretendía proporcionar a los trabajadores negros los conocimientos necesarios para asumir trabajos básicos de procesamiento de datos, su inclusión en la economía de la automatización a menudo se planteaba en papeles de segunda clase o subordinados. Esta política de mano de obra preveía una división racializada del trabajo informático que persiste hasta nuestros días. Con trabajadores marginados de todo el mundo realizando labores rutinarias y mal pagadas en plataformas como Mechanical Turk de Amazon.

Reciclaje cuestionado

En 1973, la Ley de Desarrollo y Formación de Mano de Obra fue reemplazada por la Ley Integral de Empleo y Formación. Marcó un giro hacia una gobernanza del cambio tecnológico centrada en las habilidades individuales. Sin embargo, los proyectos resultantes a menudo no abordaban los problemas económicos subyacentes en las comunidades marginadas.

Durante la década de 1960, teóricos como James Boggs propusieron visiones alternativas del cambio tecnológico. Planteó que la solución en la era de la automatización no era luchar por el pleno empleo, sino aceptar el pleno desempleo. La creación de una sociedad sin trabajo. Argumentaba que para abordar adecuadamente el desafío de los marginados, “la cuestión del derecho a una vida plena tiene que divorciarse completamente de la cuestión del trabajo”.  Y garantizar un ingreso pleno y digno a los trabajadores.

Hoy, en la cúspide de lo que algunos predicen será la revolución de la inteligencia artificial, las lecciones de Boggs son relevantes. Para Ludwing sus argumentos señalan el fallo de las recomendaciones actuales que sugieren que los trabajadores necesitan desarrollar nuevas competencias para mantenerse al día con las tecnologías cambiantes. En su opinión el reciclaje de los trabajadores puede ser una medida temporal importante, pero «sólo será una solución provisional a los problemas político-económicos subyacentes al cambio tecnológico».

Renta Básica Universal

La historia de la política laboral en Estados Unidos sugiere que es necesario cambiar nuestra forma de pensar sobre la tecnología, el trabajo y el valor social. Según el psicólogo y sociólogo Naum Kliksberg, experto en inteligencia artificial, es probable que reemplacen a las personas en los próximos 20 años. En su opinión aunque los gobiernos lo intenten tendrán dificultades para regular efectivamente el avance y el desarrollo de la inteligencia artificial. “Será inevitable que la cantidad de pobres crezca al igual que la desocupación y los salarios”.

Posibles soluciones al problema como subsidiar a más desocupados, crear programas de apoyo a los necesitados, bajar los sueldos, disminuir los días de trabajo o confiar en que la dinámica del mercado genere nuevos trabajos es probable que no funcionen. Debido a que no hay una garantía de que los nuevos empleos requieran que personas realicen esas actividades en lugar de la inteligencia artificial.

Kliksberg sugiere que una posible solución al problema podría ser establecer un ingreso básico para los ciudadanos. Lo que ya planteaba Boggs en el 63. Con la diferencia que la idea cuenta con el apoyo de figuras políticas y jerarcas de las grandes tecnológicas. Pero que requerirá que cada país cree su propio sistema de financiamiento.

A favor

Mustafa Suleyman, cofundador de Deepmind, comparte la preocupación por el impacto de la IA en el mercado laboral. Pide a los políticos que actúen con urgencia. Propone la implementación de una renta básica universal para cubrir las necesidades económicas de los ciudadanos. “Es una medida política y económica de la que tenemos que empezar a hablar en serio», afirma.

Sam Altman, director general de OpenAI, predice que la próxima generación de IA reemplazará a los trabajadores humanos en EE UU. Asegura que dará lugar a una Renta Básica Universal para todos. “Aunque la gente seguirá teniendo trabajo, muchos de esos empleos no crearán mucho valor económico en la forma en que concebimos el valor hoy en día”, escribe Altman.

Para el CEO de OpenAI el dinero generado por la inteligencia artificial será suficiente para financiar pagos de ingresos dirigidos por el gobierno para todas las personas de la Tierra. Propone la creación de un Fondo de Equidad Americano. Que se capitalizaría gravando a las empresas por encima de una determinada valoración con el 2,5% de su valor de mercado cada año y gravando con el 2,5% del valor de todas las tierras de propiedad privada.

Efectos ya se sienten

Según Goldman Sachs la inteligencia artificial generativa podría dejar sin empleo a 300 millones de trabajadores a tiempo completo en EE.UU. y Europa.  OpenIA apunta a que del  80% de los profesionales afectados por la IA, por lo menos un 10% será totalmente reemplazada de forma inminente. Y casi un 20% de los trabajadores verán como realizará la mitad de sus tareas. IBM ya ha realizado uno de los mayores recortes de empleo en favor de la inteligencia artificial. Despidió a unos 7.800 empleados. Ben Goertzel, quién popularizó el término “inteligencia artificial general”, sostienen que la tecnología será beneficiosa para la sociedad a largo plazo.

Para el experto en IA, filósofo y astrofísico de Harvard, Avi Loeb, el problema radica en la necesidad de que la sociedad se reorganice. Porque si se elimina la necesidad de trabajo, ¿cómo se puede ganar un salario? “Tendremos tiempo para dedicarnos a cualquier cosa, a crear, a investigar, hacer sencillamente lo que nos guste”, apunta. Pero la sociedad necesita adaptarse a ese nuevo mundo en el que el trabajo sea innecesario. Implica cambios significativos en la estructura social y económica actual. Para Loeb, es preocupante que ningún gobierno muestre algún liderazgo para afrontar éste y otros retos derivados del desarrollo de la inteligencia artificial.

El inversor Warren Buffett también ha expresado su preocupación por el impacto de la IA y la falta de previsión. Después de que su amigo Bill Gates le demostrarse algunos de los proyectos de IA de Microsoft. El magnate de 92 años dijo que la IA «puede hacer cosas notables […]cuando algo puede hacer todo tipo de cosas, me preocupo porque sé que no podremos ‘desinventar’ la IA».

Inacción de los gobiernos

La acción gubernamental hasta ahora ha en el mejor de los casos titubeante. Apenas en la Unión Europea se está actuando de forma limitada. Esencialmente apuntando a la protección de datos y el copyright. En EE UU, la Casa Blanca lo ha dejado en manos de las grandes tecnológicas como OpenAI, Microsoft y Apple. Loeb opina que a esas empresas solo les interesa su propio beneficio, no el de la humanidad.

En España, en mayo del 2023 la ministra Calviño afirmaba que preveía una «transformación profunda» en el empleo por la IA. Por lo que iban a “empezar a vigilar su impacto”.  Algo que puede sonar a humorada si las consecuencias de esta falta de visión no fueran a tener un impacto demoledor en el tejido socioeconómico. Hasta ahora las acciones concretas son escasas, por no decir inexistentes. Como apuntaba el mismo Loeb, no se gobierna, sino que se hace política de gestos y señalización de virtudes sin ninguna sustancia.

La inteligencia artificial tiene el potencial de traer beneficios significativos a la sociedad. Pero también puede ser demoladera. Para abordar los desafíos que presenta y garantizar que sus beneficios se distribuyan de manera justa es crucial que los gobiernos, las empresas y los individuos trabajen juntos. Los avances en la inteligencia artificial sorprenden cada día con nuevos desarrollos. Mientras, los potenciales afectados esperan por la implantación de políticas públicas que minimicen sus efectos adversos. Particularmente en el desempleo.

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