Luis Manuel De Llano*
Un texto bíblico nos sirve de referencia para
tratar de entender la situación política por la que atraviesa Venezuela. Se
trata de la narración del Plato de Lentejas (Génesis 25:29-34). Los mellizos
Esaú y Jacob, hijos de Isaac, eran muy diferentes, Esaú, el primogénito, era
impulsivo y enfocado en el presente.
Por su parte, Jacob era tranquilo y pensaba
siempre en el mañana. Un día, Esaú regresó del campo, agotado y casi muriendo
de hambre. Al ver a Jacob cocinando, le rogó: "¡Dame de comer de ese guiso
ahora mismo! ¡Estoy a punto de morir!". Jacob, astuto, le ofreció
cambiarlo por su derecho de primogenitura, que representaba una doble porción
de la herencia de su padre y el liderazgo familiar.
Esaú, quien, solo pensando en su estómago
vacío, respondió "¿Para qué me sirve la primogenitura si me muero de
hambre? Te la cedo y tu dame el guiso." ¿Que hubiera preferido usted: las
lentejas o la primogenitura?
Asuntos Públicos y Asuntos Legales
En la oposición venezolana actualmente
parece haber dos tipos de personas, que como los hermanos tiene puntos de vista
diferentes. Un primer grupo está hambriento de legitimidad inmediata y proponen
que se realicen elecciones libres ya mismo, sin ninguna limitación de los
candidatos que deseen postularse.
El segundo grupo cree que lo prioritario en
estos momentos es más bien la sostenibilidad política y que las elecciones se
realicen una vez que estén garantizadas las condiciones mínimas. No trata de
una diferencia de propósitos, sino del orden en que alcanzar objetivos comunes.
La lectura gerencial de esta situación es
relevante principalmente porque hoy prevalece la perspectiva de la
administración de Donald Trump, un hombre de negocios, cuyas decisiones se
alinean con la lógica de los negocios, donde el pragmatismo marca el rumbo por
encima de las formalidades legales.
Pienso que, en parte, se trata de la misma diferencia
que comúnmente se da en las organizaciones entre el punto de vista de los
Asuntos Legales basados en derechos de las partes y los Asuntos Públicos, más
bien fundamentados en los intereses de cada una de esas partes.
Los Asuntos Legales están fundamentados en
la ley, lo que dicta el derecho (en inglés law inforcement), mientras
que los Asuntos Públicos responden a una negociación para llegar a un trato, lo
que conviene a las partes (deal-making).
Ambos puntos de vista, que en el dilema
venezolano actual representan la legalidad y la sostenibilidad, son válidos e
importantes porque, en la práctica, el valor de una democracia no se basa solo
en lo que deba hacerse hoy, sino también en lo que se podrá seguir haciendo en
el futuro. Pareciera que la administración Trump busca resolver el conflicto
con el método de la eficiencia corporativa como un asunto público, y no legal.
En la lógica de los
negocios, cuando una empresa entra en una crisis operativa profunda, se puede
imponer una junta interventora. En el caso venezolano, la administración Trump actúa
como esa junta externa y la imposición o exención de sanciones dejan de ser meras
herramientas legales punitivas para convertirse en mecanismos de presión para
forzar una reestructuración organizacional.
El dilema gerencial
está en que si la junta interventora presiona demasiado rápido por un cambio o
ratificación de la gerencia (elecciones), sin que los mandos operativos estén
alineados, el resultado podría ser el quiebre del proyecto de transición.
La sostenibilidad,
por tanto, requeriría que la actuación de la junta interventora se adecúe a las
capacidades reales de ejecución del equipo operativo, evitando que la exigencia
de resultados inmediatos canibalice la estructura necesaria para el éxito a mediano
plazo. En este sentido, la situación también podría interpretarse como la
tensión entre la justicia y la paz.
Siguiendo la lógica gerencial, el valor de
una empresa se calcula como la multiplicación de su rentabilidad (capacidad de ganancia)
por un múltiplo de años (potencialidad de permanencia). Una empresa con alta
rentabilidad, pero baja sostenibilidad (por ejemplo, un producto de moda con
una marca débil), puede venderse por 4 o 6 veces su ganancia. Es un buen
negocio, pero frágil.
Mientras que una empresa con rentabilidad y
alta sostenibilidad, (un producto establecido con una buena marca), puede
venderse por 10 o 20 veces su ganancia. El dinero de hoy viene de la
rentabilidad y la riqueza del mañana de la sostenibilidad.
Explicar el valor democrático a través de
un múltiplo de años de legalidad es la forma en que pensaría un gerente, pero
posiblemente no un abogado. De allí el dilema. Un gerente diría que la
satisfacción de un derecho sin viabilidad resulta en un negocio frágil.
Bajo la lógica de la junta interventora,
posiblemente lo que se está tratando de hacer es justamente desarrollar el
potencial del país, enfocándose no solamente en lo que se es capaz de hacer hoy,
sino también en lo que se podría hacer mañana. Pareciera que se trata de un
enfoque puro pragmático que prioriza la sostenibilidad frente a la legitimidad,
prefiriendo la primogenitura sobre el plato de lentejas.
Hambre vs astucia
En la estructura clásica de la pirámide de
decisiones en una empresa, el hambre de Esaú representaría el nivel táctico (la
rentabilidad en el corto plazo), mientras que la astucia de Jacob haría referencia
al nivel estratégico (la sostenibilidad a mediano plazo).
Pero antes de Esaú y Jacob, estuvo su padre
Isaac, cuya vida se centró en nivel operativo (los resultados del día a día). Issac
se dedicó a sembrar y cosechar, a asegurar la gestión los recursos del
territorio y el suministro de agua y comida. En la empresa, la administración
diaria (nivel operativo) es el que sustenta tanto la rentabilidad (nivel
táctico) como la sostenibilidad (nivel estratégico).
Sin lo que Isaac hizo, Esaú y Jacob
simplemente, no hubieran existido. Por su parte, Abraham, el patriarca y padre
de Isaac es el fundamento que representa las políticas que rigen el
comportamiento (nivel normativo o de gobernanza). Sin la visión de Abraham, no hubiera
habido promesa, y por lo tanto, tampoco tierra que trabajar.
La Biblia y la realidad venezolana
En la realidad venezolana, la gestión de Delcy
Rodríguez encaja en el nivel operativo. Su labor se centra en la gerencia de la
contingencia. Por una parte, prioriza la resiliencia inmediata sobre el dogma
ideológico para mantener el sistema funcionando y por otra parte adapta su
mensaje hacia propios y extraños para controlar daños.
Bajo la óptica de la administración de Trump
(Abraham), la labor operativa inmediata de Delcy Rodríguez (Isaac) proporcionaría
una plataforma real sobre la cual lograr inversiones extranjeras en las áreas
en que el Estado ya no puede operar por sí solo (petróleo, minería, servicios,
etc.), y a mediano plazo se convocarían unas elecciones libres según han
expresado varios voceros de esa administración.
El plazo no es una medida de tiempo rígida
(como un número fijo de meses), sino una medida de capacidad de reacción.
Depende enteramente del contexto: no es lo mismo el largo plazo para un
vendedor de comida rápida que para una empresa de energía nuclear.
Sin embargo, tomando los parámetros típicos
de la planificación financiera, podríamos decir que el inmediato plazo es hoy
mismo, el corto plazo es 1 año, el mediano plazo 3 años más y el largo plazo 5
años.
La junta interventora habría establecido
que en lo inmediato lo importante es la operatividad, la ejecución, que la
administración no se detenga. En el corto plazo (1 año) se buscaría la
rentabilidad de las inversiones extranjeras, la optimización, no solo se trataría
de hacer las cosas, sino de hacerlas de forma que generen un excedente
económico.
Sólo en el mediano plazo (3 años) de la
sostenibilidad, el objetivo sería la legitimidad electoral. Y en el largo plazo
(5 años) objetivo sería la consolidación de un nuevo sistema de gobierno con valores
democráticos que perduren más allá de los líderes actuales.
Según esta lectura
gerencial, la junta estaría tratando de evitar el error de menospreciar alguno
de los niveles de decisión gerencial, porque se podría crear una desconexión insalvable
entre lo ideal del mañana y la realidad del hoy, una "esquizofrenia
organizacional".
Un ejemplo típico de
este "salto al vacío" ocurre cuando una organización decide realizar
una transformación digital basándose únicamente en una visión (nivel estratégico),
sin hacer los cambios requeridos en los procesos administrativos (nivel
táctico) y educar al personal (nivel operativo).
El resultado podría ser
la resistencia al cambio y el posible boicot de los trabajadores, que verían la
nueva estrategia como un enemigo que eliminaría su trabajo con herramientas
útiles computacionales. La cultura organizacional se fracturaría y la
organización se devoraría a sí misma.
Esquizofrenia
organizacional
En la política
venezolana, la cultura organizacional está determinada por años de gobierno
socialista. Quienes operan el sistema lógicamente han desarrollado una
resistencia al cambio, a la transición, porque temen que una nueva estrategia
signifique su despido inmediato o, peor aún, su procesamiento legal.
Esta es la raíz de
la esquizofrenia organizacional: proponer un modelo externo liberal en una
organización cuya cultura interna se basa en la autocracia. La administración
Trump parece pensar que la transición no se basa únicamente el cumplimiento de
la Constitución y las leyes, sino que es un proceso de gestión de cambio
humano.
Si los operadores
del nivel operativo perciben que la nueva estratégica no ofrece una opción de
su permanencia, boicotearán cualquier intento de reforma. El éxito de la
gerencia en este escenario depende de la capacidad de los líderes para reducir
la incertidumbre, transformando el miedo al cambio en una aceptación pragmática
de nuevos procesos que, aunque distintos, aseguren la permanencia del sistema.
Esta “esquizofrenia
organizacional” no es un riesgo teórico, sino que la historia la confirma. Por
ejemplo, la transición española, que fue citada como modelo de éxito pragmático
por el mismo Marco Rubio, estuvo a punto de naufragar precisamente por el
divorcio entre su estrategia democratizadora y una operatividad institucional atada
al pasado.
Mientras el nivel normativo/estratégico
diseñaba el futuro, el nivel táctico/operativo enfrentaba el asedio sangriento
de ETA y el GRAPO, junto a un estamento militar que terminó manifestando su resistencia
en el golpe de Tejero (23-F).
Fue el momento en
que la cultura de la organización intentó devorar a su propia estrategia. Rubio
parece pensar que el aprendizaje para Venezuela es que, si la arquitectura de
la transición no logra alinear los niveles operativos/tácticos con los
estratégicos/normativos, la situación política no solo podría volverse frágil,
sino que también podría canibalizarse a sí misma.
En finanzas, el
costo de oportunidad es la rentabilidad que se deja de percibir por elegir una
opción sobre otra. Venezuela enfrenta hoy el costo de oportunidad más alto de
su historia moderna.
La administración
Trump puede estar pensando que si prioriza el plato de lentejas para obtener
legitimidad en el corto plazo, podría estar sacrificando la doble herencia de
la primogenitura de décadas de crecimiento institucional.
Un gerente de un
fondo de inversión diría que Venezuela es un activo de gran valor con un
descuento masivo por riesgo país, el valor está indiscutiblemente allí, pero la
incapacidad de alinear los niveles de decisión podría impedir que ese valor se
realice.
La transición, por
tanto, se estaría leyendo como un plan de rescate financiero donde el principal
activo a recuperar es la confianza. Pero, lamentablemente la confianza no se
decreta, sino que se construye mediante la consistencia entre lo que se plantea
hacer estratégicamente y lo que realmente se ejecuta operativamente.
Si el país continúa
divergiendo entre la urgencia del hambre táctica y la ambición de la
sostenibilidad sin un piso operativo sólido, el múltiplo de años de nuestra
democracia seguiría siendo bajo, condenándonos a ser una nación de ganancias de
ocasión en lugar de una potencia de riqueza sostenible.
El reto es construir
un sistema gerencial que permita que la satisfacción del hambre de legitimidad
no sacrifique la primogenitura de institucionalidad. Al parecer, hay quienes
piensan que el orden de los factores si afecta el producto, por lo menos en el
caso de la transición venezolana.
*Economista (UCAB), MBA (CGU) con más
de 40 años de experiencia en la gerencia de asuntos públicos de empresas
venezolanas de categoría mundial. Profesor de Gerencia de Asuntos Públicos
(UCAB).
